Bohemia

Texto y Fotos: JOSÉ DOS SANTOS L.

En la capital cubana, grandes figuras de nuestra América miran hacia un horizonte común de soberanía e integración

Cerca de su nacimiento en la Avenida Carlos III, oficialmente Salvador Allende, en su elevado extremo sur, la amplia avenida con alameda arbolada intermedia en el Vedado capitalino cuenta con un ostentoso conjunto escultórico dedicado al segundo de los mandatarios de la república mediatizada nacida en 1902, José Miguel Gómez, concluido en 1936.

En la otra punta de la arteria, cercana al Malecón habanero, se levantaba una estatua que para la gran mayoría encarnaba la claudicación a los ideales de soberanía, la de Tomás Estrada Palma, el presidente que inauguró la etapa neocolonial. Allí, en el centro de una plazoleta, quedaron solo sus zapatos, pues la escultura fue derribada en los primeros tiempos del triunfo popular de 1959, en repudio espontáneo a lo que él significó. Ni a uno ni al otro van dedicadas estas líneas.

Lo que destaca hoy la también conocida como calle G, son las representaciones de próceres de las luchas emancipadoras en distintos lugares de Nuestra América, de diferentes épocas y circunstancias. Una clara manifestación de la visión internacionalista, solidaria y libertaria que predomina en Cuba desde 1959.

Simón Bolívar, Benito Juárez, Eloy Alfaro, Omar Torrijos y Salvador Allende son homenajeados en este paseo, de los más bellos y céntricos de La Habana, que algunos comparan con Las Ramblas de Barcelona y está ubicado en el Vedado, barrio cuya construcción se inició a finales del siglo XIX.

Más allá de los detalles de sus orígenes, lo histórico contemporáneo prevalece en ese entorno bajo las criollas palmas que lo distinguen, cual naturaleza protectora de sus enseñanzas. A partir de 1999, estos monumentos rinden homenaje a la historia de la gesta libertadora latinoamericana.