La desclasificación de los archivos de EEUU, otra vía de indagación para la Comisión boliviana

Washington apoyó con información para investigación de las dictaduras en Chile, Argentina y en otras naciones. Y podría hacerlo con Bolivia.

La decisión del Gobierno de Bolivia de conformar la Comisión de la Verdad puede tropezar con el sigilo de las Fuerzas Armadas, que se han mostrado renuentes a dar todo su apoyo a la investigación de las dictaduras militares y convocar a todos los protagonistas vivos para permitir dirimir con precisión las responsabilidades personales e institucionales en las dictaduras militares desde los años 60 hasta 1982.

Ante el silencio o la desaparición de archivos, las autoridades pueden empezar por consultar a quien tiene mucha de esa información en sus registros que están clasificados: el Departamento de Estado de EEUU, que, se ha conocido en muchos informes, tuvo que ver con regímenes militares.

Los últimos gobiernos estadounidenses, aún a costa de daños a su imagen, han desclasificado archivos relativos a la dictadura chilena de Augusto Pinochet (1973-1989) con resultados que hoy sirven para volver a escribir la historia de esos días aciagos.

De hecho, en septiembre del año pasado, un último lote de documentos desclasificados, que confirman que el exdictador Augusto Pinochet ordenó el asesinato en 1976 del opositor Orlando Letelier, en Washington, fue entregado a la presidenta Michelle Bachelet.

Estados Unidos también ha desclasificado información referida a la dictadura militar argentina (1976-1983), a la que también ha adosado referencias concernientes a la Guerra de las Malvinas (1982), en la que el Reino Unido contó con el apoyo logístico de Pinochet.

En 2012, el presidente Obama también liberó 2.700 páginas clasificadas sobre la llamada Crisis de los Misiles de 1962 con Cuba, en las que se da a conocer que Kennedy y Castro iniciaron una negociación hasta entonces desconocida -se suponía que el único interlocutor de Estados Unidos era Moscú-, lo que permitió desentrañar que no necesariamente fueron gestos de valor y arrojo en el presidente estadounidense los que frenaron la instalación de esas armas, sino la decisión del mandatario de apaciguar el peligro hasta en su último detalle.

Con un poco del mismo espíritu que llevó a ambos mandatarios a entenderse para lograr un bien superior, el presidente Morales puede pedir a Washington proceder de la misma manera con Bolivia, para conocer lo que realmente pasó durante esos años de plomo en el país ante el reiterado silencio de los mandos militares nacionales.

 

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