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Por Gustavo Pérez Ramírez

Uno de los temas centrales que expuso la doctora Gaitán en su reciente conferencia en Quito fue el análisis que fundamenta su propuesta a las Naciones Unidas, para incluir dentro de la lista de derechos humanos violados, el memoricidio, como delito de lesa humanidad.

Funesta práctica política, que viene ocurriendo en muchos países, incluso en Ecuador, distorsionando la historia con relatos falseados o con acciones destructivas. Una de las propuestas es identificar y tipificar explícitamente los casos de memoricidio, para combatirlos. Uno de los más evidentes y comprobados es el que se le aplica en Colombia a la memoria y legado de Jorge Eliécer Gaitán. “Arrebatarle la memoria a un pueblo es el arma más contundente de que disponen los poderosos para someter a un grupo social, proceso que va aparejado a la deliberada reconfiguración de la mentalidad colectiva, a la que se ajusta y moldea de acuerdo a los valores de los dominadores”, como sostuvo la oradora.

En su exposición, la conferencista fue integrando el examen de la personalidad y el pensamiento de su padre, legado fundamental para el desarrollo de una política de participación y la fustigación del memoricidio con que las oligarquías conservadora y liberal han querido erradicar todo recuerdo de Gaitán, especialmente el Fenómeno Gaitán, o sea el empoderamiento del pueblo a nivel nacional y haberse él identificado con el pueblo.

Destacó que fue uno de los primeros colombianos en adoptar como estrategia de comunicaciones, una red de pequeñas emisoras voluntarias estructuradas a lo largo y ancho del país. Cada viernes, conocidos como los “viernes culturales”, entraban en cadena para transmitir el mensaje que enviaba Gaitán desde el Teatro Municipal de Bogotá, para orientar al pueblo, descolonizar su mente y empoderarlo. Hasta esa joya arquitectónica fue destruida por orden gubernamental, como parte del memoricidio.

Se aprovechó de la IX Conferencia Panamericana reunida en Bogotá para el magnicidio  el 9 de abril de 1948, en el marco del genocidio a sus seguidores. Primero comenzaron a asesinar premeditada, generalizada y sistemáticamente a los integrantes del Movimiento Gaitanista, constituido en 1945 como organización independiente del Partido Liberal. Las  oligarquías nunca quedaron satisfechas de haber terminado prematuramente con su existencia; siguieron dictando toda clase de leguleyadas y arbitrariedades para acabar con su memoria y legado.

De ahí el proyecto de hacer reconocer el carácter de crimen de lesa humanidad del memoricidio, definido como la acción premeditada y sistemática de borrar el legado espiritual de un individuo o una colectividad, a fin de que sea incorporado como tal al derecho penal internacional. Y su invitación a las instituciones internacionales que se ocupan de derechos humanos a incluir el MEMORICIDIO como delito de lesa humanidad, punible no solo como crimen de guerra, sino también incluirlo como herramienta política en tiempos de paz. Objetivo al que debe colaborar todo ciudadano en un –estado de Derecho.

En contraste vergonzoso para la clase política, que ha querido hasta deshacerse de la tumba misma de Gaitán, se organizan en Medellín narcotours para visitar lugares donde Pablo Escobar ejerció la peor violencia del narcotráfico que dejó 5.500 víctimas