El pueblo peruano tiene memoria, presidente Kuczynski

mundiario.com

Por Rodrigo Chillitupa Tantas

Foto: Juan Zapata

En Lima y varias regiones del Perú se realizaron marchas contra el indulto al expresidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad en los casos Barrios Altos y La Cantuta.

“Cerrar la plaza es una salvajada. Es un espacio público”, grita un hombre a los policías que cerraron los alrededores de la Plaza San Martín con el objetivo de que las personas no se puedan concentrar allí. El silencio es la respuesta que le dan los uniformados. Su indiferencia es total.

Los policías, quienes están con sus uniformes especiales para la ocasión, tienen este comportamiento cuando impiden –un libre derecho según la Constitución- a que se pueda protestar pacíficamente en el lugar –tanta veces punto de concentración ciudadano para luego marchar por las calles de la capital- que ahora se encuentra entre rejas por la sola orden del alcalde de Lima y el flamante ministro del Interior.

En el cierre de la avenida Colmena y la Plaza San Martín, hombres y mujeres que llegan con sus polos, banderolas, pancartas, máscaras, se acercan a los efectivos para señalarles que la plaza es un espacio democrático y no debe estar restringida. Los asistentes toman la pista y se genera un caos para los autos que quieren transitar por aquel lugar.

“Ustedes son parte del sistema, que avala a un corrupto”, le grita un señor de unos cincuenta años. “PPK es un vende patria”, “Indulto es insulto”, le vociferan otros. Ante esos reclamos, nadie trata de que los efectivos puedan ceder ante la presión y toda la masa de gente se distribuya en todo el perímetro del lugar. Los guardias continúan impasibles.

Cada asistente evita caer en provocaciones antes de que se inicie la marcha. Además, cada policía, protegidos por sus cascos, chalecos antibalas y escudos, ni siquiera toman atención de las arengas que lanzan contra ellos. “Ustedes no pueden cerrar una plaza que siempre recibe a todos y todas para empezar a protestar”, manifiesta una mujer frente a ellos.  Tiene su pancarta con un mensaje contundente para el presidente y el indultado que genera la polarización en el Perú.

En todo cercado de la plaza, los policías esperan con disciplinada paciencia la orden de comenzar a custodiar la movilización que ya aglutina a varias organizaciones que –ante la restricción en San Martín- se fueron a la histórica Plaza Dos de Mayo, donde los sindicales siempre la identifican como un espacio a la altura de su lucha histórica: la mejora de sus derechos por parte del gobierno de turno.

Las arengas comienzan a llegar con los colectivos que se dirigen desde Dos de Mayo al punto de concentración inicial dado por las redes sociales, apenas un par de horas antes. Desde las tres de la tarde, los manifestantes se dirigieron al lugar antes mencionado para preparar todo lo relacionado a la causa que es motivo de indignación nacional. Algunos llevan sus megáfonos, otros sus vinchas, su pancartas mostrándolo a cualquier transeúnte que no sabe por qué salen a marchar.

En el trayecto, cada protestante grita: ¡Por justicia y dignidad, Fujimori nunca más!

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El indulto al expresidente Alberto Fujimori Fujimori (1990-2000) -condenado a 25 años de prisión por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta: los crímenes contra los derechos humanos más horrendos de su régimen- provocó una polarización no solo política, sino social en el actual gobierno peruano ya que se realizó no de una forma transparente como se trató de vender: por cuestiones humanitarias; por el contrario, fue con un sesgo político por la coyuntura que se vivió antes de que se concrete.

El jueves 21 de diciembre, el presidente Pedro Pablo Kucyznski (PPK) enfrentó un pedido de vacancia de su cargo en el Congreso de la República. Los promotores principales de su destitución –provocada por sus presuntos vínculos con la constructora brasileña Odebrecht- fueron el fujimorista Fuerza Popular, el Partido Aprista Peruano y la coalición izquierdista Frente Amplio.

La votación de aquella noche en el Parlamento preveía que la salida del presidente por su nexo con Odebrecht, era inminente porque él había mentido en reiteradas oportunidades a la prensa. Sin embargo –en un resultado que nadie creería- los 87 votos que se necesitaban en el Hemiciclo legislativo, no se llegaron a concretar: 79 adhesiones recogió la moción de vacancia. El detalle que causó sorpresa fue que 10 diputados de los 71 de la mayoría fujimorista se abstuvieron en su votación. El artífice para que se frustrara la vacancia fue una persona: Kenji, hermano de la lideresa opositora Keiko Fujimori.

A partir de este golpe político del propio benjamín del clan fujimorista al partido de su hermana, era la noticia del año. Aunque –algunos incrédulos manifestaban- que otro hecho iba a cerrar este 2017: el indulto a Alberto Fujimori. La tarde del 23 de diciembre, el exdictador fue llevado a una clínica local porque presentó una recaída en su salud.  Los rumores de un posible perdón ya circulaban por los medios de comunicación. Era la respuesta del Ejecutivo por la ayuda de Kenji en el Parlamento.

La tarde del 24, a vísperas de la Navidad, inusualmente, Pedro Pablo Kuczynski convocó al pleno de su Gabinete Ministerial y su bancada de diputados a Palacio de Gobierno. Un tuit de la revista Caretas señalaba que el tema de agenda en la reunión era uno: el indulto a Fujimori. Al promediar la noche, representantes del oficialismo salieron sin brindar declaraciones. Nadie quería dar detalle alguno.

En cuestión de minutos, en una resolución extraordinaria en el diario oficial El Peruano, se publicaba el indulto por razones humanitarias a Alberto Fujimori. Llevaban las firmas del jefe de Estado y del ministro de Justicia y Derechos Humanos, Enrique Mendoza.  El exdictador ponía así punto final a su reclusión que –hasta ese momento- había cumplido 12 años en el penal de la Diroes. Además, sin pagar la reparación civil que le pusieron.

La decisión desató todo un terremoto político ya que, por un lado, fue rechazado por los miembros de la oposición que respaldaron a Kuczynski Godard en el proceso contra la vacancia: como la coalición Nuevo Perú, Acción Popular y Alianza Para el Progreso (APP); así como exministros de Estado como Pedro Cateriano Bellido y el propio abogado que lo defendió, Alberto Bórea Odria. En tanto, en el otro bando, los fujimoristas celebraban la gracia presidencial concedida para su líder después de mucho tiempo. A partir de allí, con una movilización repentina aquella noche por la noticia, el presidente pensó que ya no habría más marchas. Se equivocó.

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A lo largo de la avenida Colmena se trasladó toda la muchedumbre con un fuerte cordón policial. Los protestantes contra el indulto a Alberto Fujimori estaban distribuidos en varios bloques. Los familiares víctimas de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta encabezaban la marcha que tenía una extensión de alrededor de 40 cuadras desde Plaza Dos de Mayo.  Se podía observar a Norma Méndez –madre de la periodista Melissa Alfaro, quien fue asesinada por un sobre bomba en 1991 cuando trabajaba en el semanario Cambio- que tomaba el gran banner con emotividad.

Gisela Ortiz –hermana del estudiante de La Cantuta Luis Enrique Ortiz Perea- estaba detrás suyo arengando contra la gracia concedida a Fujimori, quien fue sentenciado por este caso. De igual manera, Carmen Amaro –hermana de Armando Amaro Cóndor- portaba su cartel.

–El presidente Kuczynski no puede darle impunidad a un señor que mandó al Grupo Colina a realizar ejecuciones extrajudiciales. Un tribunal lo halló culpable y tiene que pagar su condena. Cómo es posible que la memoria de nuestros familiares sea pisoteada de esa manera.

Ella –recuerda- que a lo largo de la gestión del actual jefe de Estado peruano han intentado reunirse con él para explicarles los motivos por los cuales no debieron darle el indulto a Alberto Fujimori. La respuesta es contundente.

–Muchas veces buscamos la manera de reunirnos. El presidente firmó un compromiso con nosotros y no lo cumplió. La primera ministra se equivoca que ahora buscándonos, vamos aceptar este indulto. De ninguna manera.

Carmen Amaro confía en que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) –que realizará una audiencia del caso Fujimori el próximo 2 de febrero- pueda determinar que el indulto no fue humanitario sino político. Además, varios vicios se dieron en el proceso que empezó a partir de una evaluación médica para culminar en el escritorio del mandatario.

Acompañaban también gremios sindicales importantes como el Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) y la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).

–Nosotros salimos a marchar porque el señor Fujimori, en los noventa, quiso bloquear las demandas de los maestros. No subió nuestros sueldos y tampoco desarrolló políticas públicas que pudieran reforzar el magisterio- dice Alfredo Velásquez, secretario general del gremio docente.

–El Gobierno del señor Kuczynski se parece mucho al de Fujimori. No escucha nuestras demandas y por ello salimos a marchar para exigir que se vaya porque no solo liberó a un exdictador, sino se burló de la democracia.

También participaron organizaciones comprometidas con los derechos humanos. Grupos políticos como Nuevo Perú, el Partido Comunista Peruano, el movimiento Fuerza Social, Frente Amplio, entre otros.

–El indulto es una traición a la democracia por parte del presidente Kuczynski- señaló el diputado izquierdista  Manuel Danmert- que confirma su abierta alianza con el fujimorismo para gobernar el Perú, bajo un modelo neoliberal que solo provoca corrupción.

– La ciudadanía ya se ha dado cuenta qué clase de persona nos gobierna.

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Siguieron los protestantes contra el indulto a Alberto Fujimori por el Parque Universitario, luego por la avenida Leticia, después por Montevideo hasta llegar a la avenida Grau. Allí la voz ciudadana se complementaban con aplausos. Algunos saltaban, otros cantaban.

Los carteles se distinguían demasiado: “Fuera PPK”, “Justicia, sí. Manoseo, no”, “El indulto no va”, “PPK eres un vende patria”, “Fujimori Nunca Más”, “Fujimori asesino”, “Sin justicia a las víctimas, no puede haber reconciliación”. Cada hombre, mujer, anciana lo portaban.

El recorrido continuaba hasta llegar al Paseo Colón. En ese momento, a pocos kilómetros, se encontraba el local partidario de Fuerza Popular, la herencia política de Keiko y Kenji Fujimori. En ese lugar ya se habían dado problemas pues –en la marcha para rechazar el intento golpista contra el presidente Kuczynski en el Congreso– un grupo intentó entrar al inmueble para destrozarlo.

En esta oportunidad, la situación fue diferente pero fructífera. La muchedumbre se quedó frente al frontis del bunker fujimorista para allí a una sola voz palpitar la arenga de rechazo al líder histórico.

– ¡Por justicia y dignidad, Fujimori nunca más!

Después se trasladaron a la Plaza Bolognesi. Allí hubo cierto desconcierto pues no sabían hacia dónde querían continuar la marcha. Finalmente se decidió seguir el rumbo hacia la avenida 28 de Julio y –en el trayecto- culminar en Palacio de Justicia, donde se iba a realizar una vigilia y pronunciamiento oficial de los familiares de Barrios Altos y La Cantuta. Se desplazaron por la ruta, pero todo cambió.

Un grupo de estudiantes de universidades privadas y públicas decidió dirigirse a la casa del presidente Kuczynski para protestar. Se alejaron de la otra facción de la marcha que iba a culminar con un plantón en el Paseo de los Héroes Navales. En la arremetida que siguieron los jóvenes, la Policía los disperso con gases lacrimógenos y detenciones por doquier.

Cuatro jóvenes fue el saldo de los detenidos por los uniformados en esa batalla campal, donde los gases se apoderaron del panorama nublado que dejó irritación en los ojos y la nariz, como lo sufrió quien escribe esta crónica. La persecución policial duró media hora, pero ante la presencia de cámaras de televisión cesó finalmente.

–Siento que la justicia va llegar. No puede quedar impune un indulto que no genera reconciliación-dice Norma Méndez cuando está frente al Palacio de Justicia en la vigilia que le pone punto final a la tercera marcha contra el indulto de Alberto Fujimori.

Ella y los familiares de las 25 víctimas de Barrios Altos y La Cantuta tienen esa fe de que la memoria no quedará olvidada por los crímenes que dejó el exdictador en 1991. Como lo escribió, Gisela Ortiz en un post de Facebook, apenas se supo de la excarcelación de Alberto Fujimori en vísperas de la Navidad,  en un mensaje a Pedro Pablo Kuczynski.

–Acaba usted de robarnos nuestra tranquilidad y derecho a la justicia al regalarle inmerecido indulto a Fujimori. Hace 25 años no tenemos Navidades y hay ausencias dolorosas. Cargue con eso hoy.

Esa carga por las víctimas, Alberto Fujimori y Pedro Pablo Kuczysnki la compartirán por siempre.

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